martes, 30 de abril de 2013

Comerte. José Manuel Vara






Comerte,
bajo el fuego abrasador de la Cordura.

Comerte,
entre los pliegues insondables del trauma.

Comerte,
en habitación que desconoce nuestros nombres.

Comerte,
en la penumbra blasfema del Deseo
y devorarte a ras de corazón hueco.

Comerte con la pasión nihilista del esquizofrénico
y con el arrebato de fiereza detallista
que lama cada centímetro de tu piel desde dentro;
Sudor en la epidermis del combate cuerpo contra cuerpo
donde cada poro es un agujero negro
de infinitos universos por descubrir;

Comerte,
en el jodido epicentro de tu sexo.

Devorarte,
en la depresión volcánica de tus nalgas,
más allá del precipicio del Deseo,
devorarte en las lindes
de tu enjambre de neuronas infierno,
donde los labios arden a lo bonzo
tras la huella sonora de millones de jadeos
desacompasados,
como batir de las de luciérnagas
en un decorado de sombras chinescas.

Comerte,
con la voracidad criminal del apasionado
y con la tiniebla metódica de lo insaciable,
más allá del tápiz mágico de los sueños
donde los pliegues torturados de tu cuerpo
devoraron
todos y cada uno de mis miedos.


de Diosas de Burdeles de Almas


lunes, 29 de abril de 2013

Espiral. Estela Aguilar Jiménez

Lost, lonely and vicious (1958)



Te afanas
en la espiral
de un iris,
de un ombligo,
de una vulva.
En su fuerza gravitatoria
converges,
te expandes
en ondas
de hongo nuclear.
Polvo eres.
En polvo te convertirás. 

Tu amor es un cilicio. Miss Desastres





Tu amor es un cilicio
Cuando me lo quito, me lo arranco, me despojo de él
Ya lo estoy añorando
Síndrome de tu presa
Condenada a tu aroma y a tu azote lírico.

Lo observo y pienso en el dolor,
No lo siento,
Lo dibujo con mi mente,
Veo sus marcas,
Las recorro con mis dedos,
Mi fetiche,
Tu sudor.

Después vuelvo a colocarlo en su sitio
Que es mi piel
Porque tú eres mi religión.
Apretándolo, haciendo agujeros a la hebilla de la agonía
Que es dulce y sabe dar dentelladas.

Siento cómo se hunde en mi muslo, en mi corazón,
En el adentro que sólo tú palpas,
Con punzadas placenteras y llenas de noche.

Algo que hurga, que escuece,
Que me pone del revés.
Es lo que busco.
Algo que conoce mis flaquezas
porque las inventa
y se recrea en su poder.
Es lo que eres.
Que me atraviesa y me destruye,
que busca en mi amasijo mi placer.

Un trasnochar eterno en ti
Con abordaje canino y letal
Declinas mi vida que te ofrezco en bandeja
Porque prefieres de mí todo robarlo.
Ansías verme latir entre tus brazos
Así, desde abajo, se consumen las nubes negras
Que inundan tu cabeza y te sumergen en constante letargo.
Que estoy aquí para salvarte, digo.
Como el pájaro que se posa en tu corazón y se agita
Y se eleva y gorjea en su prisión
Así, así eres cuando soy.


missdesastresnaturales.blogspot.com

Anónima (Inconcluso) De nuestros cuerpos y tormentos. Ericka Volkova




Perdonadme si en anonimato hoy me encuentro, las tribulaciones amorfas que a mi mente recorren impiden lúcida sea. La euforia que a mi cuerpo intoxica despreciable ante vos comparable es, pues el observar la pulcritud de vuestro cuerpo terso desnudo evoca en mí la perfección misma de la cual copartícipe yo sea. Vuestros pechos, que en óvalos a contraluz la obscuridad bordea, me hacen de vos la vista no apartar, circundando vuestro cuerpo, describiéndole con mis labios que por los contornos os dibujan en inexorable enigma que, a vuestros muslos con mis brazos aferrada, en el recuerdo mío tallar quisiere, haciéndole perene inmortal de la mortalidad misma.

Lúcida no más estadle puedo, intoxicada de vos la sangre ardiente a mí el cuerpo incinera, y sin desear perturbar la imagen vuestra que mis ojos mudos vuestro nombre gritan, corrompeos con mi tacto no quisiere. Mas vuestra belleza insignia por mi lengua probadle deseare, perturbando la imagen de vos misma, recorriéndoos por milímetros en la piel vuestra, enlazando los cuerpos nuestros que, cual áspides, en contorsiones entrelazadas nuestras caricias la carne de una a otra marcaren, escurriendo por la piel nuestras las caricias que por las manos nos recorrieren, deslizándoles fluidas por los perímetros de nuestros sexos conversos, palpando ansiedades, hurgando las concupiscencias de nuestras propias voluptuosidades.

Anónima le soy, pues vuestro cuerpo ante mí desnudo impide la persuasión imaginar, siendo vos, Kurskova, la imagen que a mi mente en la muerte perene tallar de la belleza única deseare.

Canción para una rutina. Rosalía Guijarro


Ula Larsson Mark B. Anstendig



tanto tiempo
persiguiéndote en los sueños que
te aburres de vivir
en la punta de mis dedos y
quieres mudar todos tus deseos
a una casa que te proteja
de este latoso aguacero

y es el mismo escenario de mi anhelo
el mismo tempo incluso pero
ahora noto incómodo el silencio
de esta rutina que ha invadido nuestro cuarto
voy

a dejarme dar por el culo
regresar pasiones nuevas
perspectivas diferentes volver al amor candente
sentirme otra vez tan viva que
se queje el vecino de arriba
por los gritos de placer

sentirme una fulana
declarame no culpable
beber la vida a cuatro patas
sentirme igual de mujer y

hacerte una canción de amor
echarte por la puerta de servicio
rociar con cal viva todo tu vicio
cuando me veas pasar y veas
lo que has vuelto a perder





del poemario "El amor se acaba cuando se corren" Ed. Rosa Púrpura

¡TIERRA! Marian Megía



Mis miembros han dejado de tocarme
de veras yo no los conozco de nada
solo cuento con tus dientes, perro
lobo enloquecido, con tus manos
labores cercadas que naufragan aquí
no miden, no, tal recorrido inabarcable

un golpe seco me devuelve al dónde

Dios, el vengador baja a la tierra
con gesto de rabia enloquecida, ríe
castigando con dura mano

perras buscadoras
ah dolor

esa lengua
que es la cosa más gratis que se ha visto

estoy olvidando
orgasmo solitario hay cimas que no existen
agitación technicolor una película
resucita y duele porque fuera de mí no es
todo existe, todo existe, todo existe
nnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnnn
nnnnnnnnnnnnnnnnnn
nnnnnnnnn

¡el tren!


Oríname. Iván Rafael





Oríname encima.
Escupe,
suda,
segrega.
Supura,
menstrua
o sangra o lo que tú quieras
pero deja bajo mi cuero la tierra mojada
y prométeme que nunca más
volveremos a oler a arena.

Fresas Salvajes. Miquel Àngel

Strawberries II by LucidoTitanio



La habitación huele a fresas salvajes.
Velas afrodisíacas derritiéndose
                 sobre la mesilla de noche.
Con los dedos y el aceite
dibuja en su espalda una silueta.
Una “ese”.
Un algo agradable sobre su piel.
Luz de unos fuegos
que humean en la oscuridad.
Gemidos ahogados
       contra el cojín
       húmedo por las babas
          donde la mandíbula
          muerde y se desencaja.
Con las manos rodea su cuello
       y aprieta su garganta.
Retuerce su columna
            inclinándola
hasta que puede lamer
                     su cuello.
Luego escupe en su cara
descorriéndole el rímel,
             agarra su melena
y la lanza violentamente
                contra la cama
desde donde la domina con los dedos
metidos en la frondosidad de su melena
presionando con el pulgar
           en el epicentro de la nuca.
Suena Caruso, Pavarotti,
la novena de Beethoven.
Suena «Invierno»,
de las Cuatro estaciones de Vivaldi
           y juega con ella a extasiarla
                           al    
                        tempo      
                                    de la música.
En sus bocas mezcladas
aún hay vestigios del sabor del vino negro
y de otras delicatesen de la cena.
Esa noche fueron la pareja
más elegante y refinada del restaurante.
Que le eyaculen en la espalda
                  es lo que más le gusta a ella.




domingo, 28 de abril de 2013

Caja de Bombones. Cristina Ocaña

© Anders Petersen




Me regalaron una caja de bombones y no pude resistir la tentación de mordisquearlos todos, de probarlos todos y esperar a la alquimia de la pasión, tú me gustas, tú no; como una niña maligna y aburrida que juega con todos ellos. Busco algo apetecible, nuevo, diferente, qué sé yo. Por fin doy con el bombón deseado, ése que me ha dejado un regusto amargo pero que no puedo dejar de paladear. Te elegí a ti, bombón de chocolate negro, el menos apetecible pero el que me dio más sabrosura que otros, más placer, más locura. Encontré ese éxtasis frenético, esa pulsión química, mágica, de dos cuerpos calientes masturbándose. Estoy desnuda, me miras y ya no me puedo esconder debajo de la ropa porque me muestro tal y como soy, sin envoltorios sintéticos, y me muestro en todo mi esplendor con mis pechos reclamando tu boca y mi sexo reclamando tu verga.

Te saboreé hasta el infinito, lamí cada rincón de tu cuerpo, olí tus cabellos, tu sexo, tu sudor. Bebí de tu saliva, caliente, suntuosa. Te mordisqueé todo lo que me dejaste, hasta acabar contigo, con tu pulso, con tu último aliento de vida. Lo siento, lo que no te dije es que soy una mantis religiosa, no dejo títere con cabeza, me puede la gula. Adiós bombón de chocolate negro, ¡hola bombón de praliné!

Desfloración del abismo. Laura García del Castaño

© Hiroshi Teshigahara La Femme des sables 




Si no tuviera esta casa en el agua,

esta tumba natal arenosa,

Si no tuviera este semen pirotécnico al pie del nido

Qué sería de esta vida, vestida de vieja enredadera.

Me tomas a golpes, me repliegas,

Me apunas con tu lengua erguida, casi espada.

Por despecho venimos cayendo años

Sangre continuada, ya quieta, ya blanca, hecha barro

Lluvia recta en la piedra has sido, desfloración del abismo

Dardo carnal, piedra picante, fruto explosivo

Entierro Total 

Tuviste sed, tendiste alcohol, prendimos fuego.

Llevo el antiguo dolor del que ha parido sus entrañas.

Dias y noches he flotado como si tuviese aire

pero te lo has vaciado respirándome.

Si no tuviese estos fragmentos del abismo que sólo se ven de noche

Estos remolinos que intento torcer hacia afuera

De no tener nada tengo tus peces sin espinas,

una erupción en las flores 

 piedra picante

fruto explosivo

Salvajes. Raúl B.Caravan

© Akio Jissoji - Mujo



Recuerdo la oscuridad, la habitación menguando,
la rabia, y a Blanco.
sentada entre mis piernas, desnuda, como siempre se enfrentó.
cabalgando ante su melena rubia, desesperada
buscando que le alcanzara el corazón, mientras mi polla la taladraba.

recuerdo sus uñas frenando mi pecho
mis impulsos,
como diciendo esto no va contigo, no esta última vez.
dando tirones violentos,
realmente deseaba arrancarme la polla, aprisionarla allí dentro.

cuando Blanco empezó a sollozar me volví más brutal.

la cogí por el cuello
sorprendida
y me acerqué a su rostro hasta hacerme sangrar.
luego pasé mi lengua por su cara, y me bebí cada una de sus lágrimas,
esa última vez,
como último gesto de canibalismo
al tiempo que el mundo explotaba.

EROTÓMANO CONFESO. Javier Cristóbal



Ya sé que tú no estás, si no mis manos
sabrían ahora mismo lo que ignoro,
y acaso hicieran cifra de humedades
despóticas cual rosas de metralla

Ya sé que tú no estás. No me conformo

Tu piel de plata viva en la distancia
bañada del silencio del poema,
y al fondo todo esto, apenas nada
que pueda rescatar de tus contornos

Ya sé que tú no estás, y sin embargo
son úlcera mis dedos abrasando
el último peldaño de tu cuerpo

lunes, 22 de abril de 2013

El pan nuestro de cada día. Pablo Cerezal


She’s a good girl, loves her mama
Loves Jesus and America too…
…And I’m a bad boy, because I don’t even miss her
I’m a bad boy for breaking her heart

(Tom Petty)




La boulangère de Monceau




En la panadería, esta mañana, he de esperar largo rato para ser atendido. El motivo no es una excesiva afluencia de público. No, sólo ocurre que la señora que me precede en la fila de los compradores, se debate entre dos barras de pan: tostada la una, más blanquita la otra.

"Es que esa la veo demasiado tostadita". "Muy blancucha me parece esta". "Ay, hija, qué pan más malo traéis últimamente".


Y así transcurren los minutos, envueltos en fragancias de harina y dudas existenciales.

La joven panadera redibuja a cada instante una sonrisa evidentemente forzada, y me dirige algún que otro gesto irónico cuando la compradora indecisa no le mira directamente a los ojos. Yo comienzo a desentenderme de la revuelta dialéctica, deslizo el torpor de mis pupilas por la efervescencia de húmedas promesas que perfila la piel de la panadera a la altura de un escote en que ya puedo imaginar la coreografía voluble de mis fluidos sorteando esa epidérmica frontera que ahora se desvanece al ritmo de un teatral suspiro de impaciencia. Pienso que tal vez sea normal, que el pan con que se alimentará hoy, la familia de la vacilante clienta, ha de ser óptimo para el paladar y la vista, como esta joven ninfa que sostiene las dos barras como recién salida de un naufragio de belleza, en espera de la definitoria decisión. Aunque prefiero pensar que sólo se trata de elegir entre dos malditas barras de pan y que, desgraciadamente, a día de hoy, lo mismo da, pues todo es el mismo amasijo industrial, y sólo servirá como acompañamiento a la pitanza, más por costumbre hispana que por necesidad de agasajar el sentido del gusto. El pan como costumbre, creo, pierde sus deliciosos atributos.

Igual ocurre con la música. Tan acostumbrados estamos a que alguna melodía (más o menos desafortunada) acompañe nuestros días y gran parte de las actividades que en ellos desarrollamos. Alcanzo tal razonamiento al recordar cómo anoche dediqué un par de horas al visionado de un concierto de Tom Petty & The Heartbreakers. Me acosaba un crepúsculo de melancólica dentellada en que podría haberme abrazado a los ásperos lamentos del Tom Waits más poético, o a la asfixia de duna portátil del Leonard Cohen más sarcástico. Pero, quizás por eso, por evadir la languidez y acompañar las horas moribundas de música directa y carente de profundidades, subí el volumen del televisor y disfruté, sin más pretensión que la de agotar el tiempo, del laberinto de espejos melódicos de la música de Petty. Al contrario que el pan, la música, como costumbre (si es a este gran artista a quien te habitúas), es simplemente deliciosa, tanto como pueda serlo esa barra de pan demasiado tostada, o aquella otra tan blanca. Sí, lo sé, es sólo rock and roll, pero me gusta, y logra mutar la peligrosidad de la nostalgia en delicioso abandono, de manera tal que,embriagado de su certero disparo de poética mundana, dejo que mis manos recorran en libertad los abruptos rincones que, en mi geografía corporal, ocultan placeres y fulgores, para después abandonarme al sueño gratificante de la orgía que no he disfrutado y que, no sé por qué extraña razón, me retorna a la memoria al disparar con mi mirada la diana caoba y miel de sus pupilas. Las de la panadera, claro.

Despachada la señora, finalmente llegado mi turno, la joven panadera muestra ante mí dos barras, una en cada mano, como rugosas extensiones de la seda niña de sus brazos, como retorcidas raíces a las que se aferra el tronco breve de su cintura, como estriados frutos nacidos de ese frondoso árbol de piel adolescente y culpable que se me antoja su cuerpo. Ahora soy yo quien debe elegir entre las dos barras de pan y, de poder, ¡ay!, lo tengo claro: elegiría a la joven panadera. Por eso me limito a sonreír y decirle que elija ella por mí.

Tomo la barra de pan entre mis manos, la acaricio y, anticipando el momento en que sirva de cortejo al chuletón con que hoy he decidido festejarme, pongo rumbo al hogar tarareando Free Fallin'.



domingo, 21 de abril de 2013

Desnuda. Sylvia Ortega

After 1981, Denis Piel




Él me recuerda desnuda y de ese modo, muto en la primera y muerdo la manzana del pecado. Pero no es él quien me la ofrece, sino otro con lengua de serpiente y ojos viperinos. Muero en su recuerdo envenenada para renacer desnuda de su costilla.

Él me recuerda desnuda y mi cuerpo seguro se arroja sobre un sofá mal tapizado. Alargo su pincel hacia mi estría y me hago despacio en su lienzo. Maja solo por su instante. Desnuda sin secreto para siempre, ante un olimpo de ojos. Expuesta sin piedad en algún museo.

Él me recuerda desnuda y sonrío rubia desde una manta roja. Exuberante deseo de papel que disminuye en un tubo de pastillas. Muerta y desnuda hago inmortal la portada de alguna revista y toda una vida. Sin perder, eso nunca, mi amplia sonrisa roja, también roja.

Él me recuerda desnuda y mi cuerpo arrogante se enreda en preguntas. Mi cuerpo imperfecto se convierte en gloria. ¿Existe algo más hermoso que el cuerpo imperfecto de una mujer? Me recuerda desnuda y la curva de mis tímidas nalgas sonríe. Mis hombros se encogen y mis pechos, que hasta ahora no han dicho nada, le hacen un guiño a su memoria.


Yo soy verso. Noelia AB

when I was a poet



Sexo y verso
besos con versos
con nexos
en este texto en el que
en el sexto renglón
te regalo mi corazón.
Ternura, hermosura,
sabrosura
por esas comisuras
de tus labios,
inferiores,
llenos de ardores,
amores,
condones de colores,
sabores,
versos de emociones
y pasiones,
excitándote a llegar
al clímax inmortal.
Yo soy verso,
con la poesía hago sexo,
versos de besos,
besos con versos,
Partes desnudas,
rozadas con finura,
para llegar al fondo con soltura,
metáforas oscuras,
masturbaciones líricas,
que van más allá
de la física.
Yo soy verso,
con la poesía hago sexo,
versos de besos,
besos con versos.
Verso y sexo.

lunes, 8 de abril de 2013

Tiempos de silencio. Javier Gonzalo Pellico



© Jean-Martin Charcot


Casi a diario me masturbo concentrándome en tu recuerdo. En tu despeinada libre y embaucadora desnudez; séquito de placer tembloroso ajustado a la perfección complementándome. Me concentro como un energúmeno en tus pechos redondos que como dos planetas forman una galaxia que giran alrededor de mis ojos; en tus sensibles labios radiactivos de ternura pasión y niñez despreocupada. En tu mirada, y, aún más, en tus grandes pupilas abiertas centradas como rifles de asalto apunto de disparo hacia el descubierto techo sin constancia de mi existencia. Besándote; viendo tu pura y simple existencia envuelta de éxtasis elevada a límites insospechados consumiendo tu alma y dejándola como miga de pan a la paloma que revolotea por el ambiente sin nombre. Como si del amor se tratara o del dios más grande que en carne y hueso dejo un trozo de él en el espacio por los segundos que pasan, han pasado, y sin dolor ni nostalgia se irán.